«Quiero una app». Es lo que más escucho — y en la mitad de los casos, tras dos preguntas, resulta que lo que necesitan es otra cosa (casi siempre más barata). Elegir mal el formato es el error más caro que puedes cometer, porque se paga dos veces: al hacerlo y al rehacerlo.
Cuándo basta (y sobra) con una web
Si tu objetivo es que te encuentren, informar y captar — reservas, pedidos, presupuestos, catálogo — la respuesta es una web. Funciona en todos los dispositivos sin instalar nada, aparece en Google y en la IA, y cuesta una fracción de una app. Hoy además una web puede enviar notificaciones y "instalarse" con icono en el móvil (PWA), cubriendo gran parte de lo que antes exigía una app.
Cuándo tiene sentido una app
- Uso frecuente del mismo usuario: tus clientes entran cada semana (gimnasio, fidelización, comunidad).
- Necesitas el hardware del móvil a fondo: GPS continuo, cámara, funcionamiento sin conexión.
- Las notificaciones son el corazón del servicio, no un extra.
Si tus usuarios te van a usar una vez al mes, no descargarán una app — y si la descargan, la borrarán en la próxima limpieza de espacio.
Cuándo hace falta software a medida
Cuando el cuello de botella es un proceso interno que ningún programa estándar resuelve: gestión con reglas propias, un flujo entre departamentos, integración entre sistemas que no se hablan. La señal clásica: media empresa vive dentro de una hoja de cálculo gigante que solo entiende una persona.
Los errores caros que veo repetirse
- Hacer app cuando bastaba web: pagar el doble para tener menos alcance.
- Empezar por el formato y no por el problema: primero qué quieres conseguir; el formato es consecuencia.
- Construir la versión "completa" a la primera: lanza lo esencial, aprende de usuarios reales y amplía sobre datos, no sobre suposiciones.
- Elegir por precio sin preguntar de quién es el código — hay "gangas" que te dejan atado de por vida a un proveedor.
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