«Ya tengo Instagram, ¿para qué quiero web?» Es la objeción más habitual — y tiene una respuesta incómoda: Instagram no es tuyo. El algoritmo decide quién ve tus publicaciones (cada vez menos gente, salvo que pagues), una cuenta se puede bloquear sin explicación, y tus seguidores son de Meta, no tuyos.
Lo que pierdes sin web propia
- Las búsquedas con hambre: «restaurante cerca de mí», «dónde cenar en Andorra» — eso se busca en Google y ahora también se pregunta a ChatGPT. Sin web, no apareces o aparece solo tu ficha con datos desactualizados.
- Reservas sin comisión: las plataformas de reservas cobran por comensal. La reserva desde tu web es gratis, para siempre.
- El turista: quien no te sigue en redes ni te conoce, te encuentra buscando. Y quiere ver carta, precios y fotos en su idioma antes de decidir.
- Tus datos: con web propia sabes quién reserva y puedes avisarle del menú especial. En redes, esa relación es de la plataforma.
Qué debe tener la web de un restaurante
- Reservas online visibles desde la primera pantalla, sin llamar por teléfono.
- La carta actualizada (nada de PDF escaneado): con precios, alérgenos y fotos reales.
- Multiidioma — imprescindible en zonas turísticas.
- Rápida en el móvil: el 80% de tus visitas llegan desde el teléfono, muchas con cobertura regular.
- Datos correctos para Google y la IA: horarios, ubicación y carta estructurados para que te recomienden.
La cuenta que sale
Una web profesional de restaurante cuesta menos de lo que muchas veces se paga en un solo trimestre de comisiones de plataformas de reservas o delivery. Y no sustituye a Instagram: lo complementa. Redes para el escaparate; web para convertir el interés en reserva.
¿Tu restaurante todavía no tiene web (o tiene una que no reserva)?
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